En el mundo, el suicidio es una de las cinco causas de mortalidad en la franja de edad de entre 15 a 19 años. Aunque este dato pueda sonar lejano o no parecer motivo de preocupación, si pensamos en el suicidio es muy posible que surjan referencias cercanas; algún amigo, pariente o pareja que estuvimos a punto de perder, quizás un relato conmovedor que escuchamos o un momento difícil en nuestra historia de vida.
Investigación realizada por Gwynnie Maiale Lopez, María de los Ángeles López, Isabella Mendoza y Lucía Russo

Ilustraciones por Santiago Godoy
En Argentina existe la Ley de Prevención del Suicidio N°27.130, que tiene como propósito “reducir la frecuencia y prevalencia del suicidio mediante estrategias de prevención, asistencia y posvención”. El decreto 603 del año 2021 que reglamenta esta ley, establece la unificación de registros y la creación de un sistema de notificación obligatoria.
En el año 2023, el intento de suicidio fue incluido como evento de notificación obligatoria en el Manual de Normas y Procedimientos de Vigilancia y Control de Eventos de Notificación Obligatoria, y su notificación se implementa de forma progresiva.
Por su parte, en la provincia de San Luis, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico de 2025, entre abril del 2023 y mayo del 2025, se notificaron 960 intentos de suicidio en el territorio provincial. Del total, el 1,4 % de los intentos tuvo resultado mortal, mientras que en el 98,1% de los casos no hubo consecuencias contra la vida.
Según fuentes del Hospital Escuela de Salud Mental y Adicciones (HSM), en el 2024, los casos consumados, no informados ni con seguimiento fueron alrededor del 70%. Solamente hubo un 7% de casos informados con el que sí se logró un seguimiento periódico.
En 2025 el HSM registró un aumento en lo que respecta a la internación y a las consultas por guardia. No obstante, la mayoría de personas que llevan adelante un hecho consumado no han hecho tratamiento, ni dejado aviso previo.
La anatomía del proceso suicida
Ernesto Páez, psicólogo y co-autor de la Ley Nacional de Prevención al Suicidio, plantea que el proceso suicida tiene siete fases distribuidas en tres etapas:
Se debe pensarlo como un semáforo, la primera etapa está representada por el color verde, pues es un momento resolutivo, en tanto la persona puede vivir a pesar de la acumulación de problemas, conflictos y estados de crisis.

Cuando no se resuelve la crisis, la persona ingresa en la segunda etapa, el color amarillo: la autopercepción. Aquí comienzan los pensamientos negativos, intrusivos y recurrentes, que suelen ser autodesvalorizantes y autodestructivos.
Esto da paso a la crisis suicida, el color rojo. Se trata de un momento en el que surgen las ideaciones suicidas, que pueden resultar en la consumación del intento de suicidio.

Ernesto Paez (izquierda). Fuente: Agencia de Noticias San Luis
Romper el silencio para salvar
Para Celeste García, suicidóloga y actual directora de la Oficina de Emergencia Social del ministerio de Desarrollo Humano, el suicidio es el desenlace trágico de una situación en la que no incide una causa única, sino que “es el final de una situación que comenzó con un montón de otras cuestiones”.
En este sentido, al tratarse de un fenómeno multicausal, las manifestaciones de la depresión y el comportamiento suicida se relacionan con la desesperanza, el rechazo familiar, la pérdida de un ser querido, una relación caótica y vínculos familiares alterados. También aparecen otros factores vinculados con las adicciones, el bullying, la violencia, las escasas habilidades sociales, el afrontamiento improductivo y la inadecuada capacidad de solucionar problemas.

Celeste García. Fuente: Agencia de Noticias San Luis
De esta manera, García asegura que “no sirve de nada tratar solamente suicidio si en las escuelas no se trabaja con el bullying, la ludopatía, adicciones, violencia”. El abordaje de todos esos temas hace a la prevención.
A su vez, la especialista sostiene que “hay muchos mitos alrededor del suicidio que están más que instalados en nuestra sociedad, como que si hablás del tema es peor porque provoca más intentos. Por eso hay un gran temor de hablarlo”.
No obstante, es esencial hablar del tema, aún más cuando se trata de entornos juveniles. “Que deje de ser un tabú. Es real que nos duele, es real que es difícil, pero no por eso vamos a privarle a los chicos expresar lo que sienten”.
García señala que existe una cuestión fundamental que hay que tener en cuenta cuando se habla de suicidio: “Ninguna persona quiere dejar de vivir. Lo que quiere dejar de sentir dolor y la única manera que encuentra posible o viable es esta”.
El peligro no está en la calle, sino que yace y espera en la habitación, en el encierro, en la soledad y en el silencio.
“Ninguna persona quiere dejar de vivir. Lo que quiere es dejar de sentir dolor y la única manera que encuentra posible o viable es esta”.
Celeste García
El cuerpo y la identidad como refugio
La investigadora y doctora en Educación, Carina Kaplan, plantea a la violencia autoinfligida y el suicidio como modos de procesar emociones ante la búsqueda de una identidad y un sentido de pertenencia que han sido negados.
Kaplan sostiene que a mayor aislamiento del entorno, más fuerte es el apego al propio cuerpo, que se convierte en objeto de ataque frente al sufrimiento.
El suicidio y las autolesiones no responden a una responsabilidad individual, sino que son fenómenos sociales, pues afectan y envuelven a toda la comunidad.

Carina Kaplan. Fuente: Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación
Es por esto que las instituciones educativas deben brindar espacios de contención y escucha, como conversatorios con especialistas o personas que hayan atravesado estas situaciones, para crear espacios de intercambio dirigidos a los que no se animan a hablar por sí mismos.
El sistema de salud mental frente al peligro
La provincia de San Luis cuenta con un protocolo de emergencia al que se accede llamando al 911. Desde esa línea se comunica a la persona afectada con el servicio de atención al suicida, que tiene asistencia las 24 horas, los 365 días del año. Durante este momento no se solicitará información que la persona no quiera dar, es un proceso completamente anónimo, si el atendido así lo desea.
Por su parte, el Hospital Escuela de Salud Mental y Adicciones (HSM), de la ciudad de San Luis, ofrece atención ambulatoria e internación breve que no suele prolongarse más de quince días. No obstante, si el paciente requiere una estadía más larga, se recurre a una derivación interjurisdiccional.

Hospital Escuela de Salud Mental de San Luis. Fuente: Agencia de Noticias San Luis
Se puede acceder al Hospital tanto por derivación médica, como por demanda espontánea. Allí el paciente es evaluado por un equipo interdisciplinario y luego se define si el caso requiere seguimiento ambulatorio, internación momentánea o atención en otros dispositivos terapéuticos.
Claudio Garro, jefe de Enfermería del HSM, explica que “el área de enfermería participa con las admisiones, que son un mecanismo de ingreso al Hospital para iniciar un tratamiento, ya sea psicológico o psiquiátrico”.
Al mismo tiempo, enfatiza que “hay algo que tiene que ver con la disciplina propia de la enfermería que permite establecer vínculos, acompañar y poder evaluar en todos los turnos al paciente internado y a los familiares”, y agrega que muchas veces esto no se puede lograr en intervenciones, no así en las terapias que se programan.
Sin embargo, los grupos terapéuticos son pilares fundamentales del Hospital. “Hay más de 20 grupos actualmente trabajando. Hay algunos ininterrumpidamente que funcionan desde hace más de 30 años y hay otros grupos que, de acuerdo con los requerimientos de la sociedad y de las patologías, se han tenido que abrir”, explica.
Para él, son cuatro los grupos más destacados: el Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA); el grupo para Trastornos de la Ansiedad; el grupo GITDE y el grupo de Trastorno Adaptativo.
Garro asegura que “todos los grupos son siempre interdisciplinarios y cada uno tiene sus pautas, sus condiciones y su mecanismo para poder establecer las reuniones, temas, participación de cada paciente”. También es esencial que, de ser necesario, las personas cumplan con su tratamiento psicológico o psiquiátrico.
Si necesitás ayuda o sabés de alguien que pueda estar en riesgo, llamá al 911, allí se brinda asistencia telefónica gratuita, confidencial y anónima a personas que estén atravesando una crisis o sientan que su vida está en peligro.
También podés acudir a los centros más cercanos a tu domicilio; a la guardia del Hospital Escuela de Salud Mental; o enviar un mail a asistencia.suicidio.sl@gmail.com